Sola 25 Marzo 2006
Nunca fui de muchos amigos. Tampoco de salir a todas horas.
No soy la persona más marchosa, ni la más divertida; soy bastante (muy) tranquila, no me gustan demasiado los follones de gente y soy un poco sosa (aunque a veces pueda tener un punto gracioso).
Meses antes de selectividad se jodió todo con la persona que más me importaba, la que consideraba “mi mejor amiga”, la que había estado conmigo desde que entré en ese colegio y las que nos habíamos mantenido juntas cuando todas se separaron. Sé que tendría que haber hecho algo, por lo menos para que no hubiera acabado todo así. Pero lo dejé pasar.
Después, al entrar en la facultad, se fue perdiendo el contacto con el reducido grupo de conocidos que tenía en el colegio y me quedé sola.
Creía que daba igual, porque conocería más gente con la que compartir vocación, pero creo que no me supe integrar. Sí, vale, tengo unas compañeras que son muy buenas y con las que se pasan ratos de muchas risas. Pero es todo muy efímero, porque luego llega el viernes, y se van todos (y lo sé, y lo comprendo y acepto). Y yo me vuelvo a quedar sola, con demasiado tiempo libre para pensar y para sentirme mal (tanto como para escribir mis mierdas aquí, que una vez publicadas no borraré).
Y no se que hacer, y me odio a mi misma. Y lo siento, siento si me pongo borde y antipática.
(No hago esto para recibir frases de consolación, solo necesitaba desahogarme del todo)